Conociendo a un extraño

Sin dormir se pasaba toda la noche, refugiándose en su mundo interno, en sus pocas actividades que pasaban de la lectura a la reflexión, de la reflexión a la escritura, y después al gozo de los sentimientos cuando empezaba a desvariar ya entrada la madrugada.
Hoy como de costumbre a dormido entrando el alba, prácticamente amaneciendo. Ha dejado reposar su cuerpo hasta altas horas del día, serían como las cuatro de la tarde. Y luego, nuevamente al despertar, comienza su loca aventura, comienza el descubrimiento del mundo que lo llevara a observar profundamente el comportamiento del hombre. Se adentrara en las miradas y luego en los corazones. Y vera más allá que ninguno; no dejara de sentir la fuerza de cada ser y querrá conocer más hasta saciar por completo un fuego interior que le hace caminar sin saber por que. Y así vuelve a la misma rutina del sueño. No podrá descansar por la noche, tratando de comprender el mundo.

Esa es la rutina de siempre, ése es su mundo. No ha dejado atrás la mirada inocente del niño, ni tampoco deja los sueños de infancia. Recordar más allá de donde se puede ser feliz le trae mucha alegría. Ha atrapado una mariposa y dejado ir para correr a alcanzarla. Ha hecho mil locuras con tal de reír sin parar, con la tierna alegría de la infancia. Después, con aire sereno se pone de pie, se mete a la regadera, pone su cuerpo limpio y viste impecablemente. Deja por un momento todos esos desvaríos. Ahora es un hombre serio que está luchando por una noble causa.

Esto acontece en tan poco tiempo, pero pareciera que es más; un poco menos que una eternidad. Y ya después cansado de todo se olvida de soñar y reír y cantar y dormir y también…de vivir. No sabe si esta ahora y si no es. Si anda despacio o si lento es rápido. Aprovecha los desvaríos nuevamente para limpiar su alma, y al final el resultado de toda la desquiciada lluvia de sentimientos encontrados, sale una lágrima que resbala por su mejilla. sólo una, no tiene tiempo para más

Hace unos minutos me ha sorprendido. Ha dormido como debe ser, se ha levantado como cualquier persona. Su desayuno, su ida al trabajo, su dirección del personal de la pequeña empresa que tiene entre manos. Su rostro es más puro y los ojos son muy serenos. Es un hombre nuevo. Es un ser viviente resucitado, resucitado de entre de los muertos en vida. Con que gracia sostiene el lápiz y hace sus apuntes, busca las soluciones que necesita en su trabajo. Escribe en su agenda, manda mensajes. Redacta una carta de amor, pero con una profundidad cautivadora. Ha llegado el tiempo de recobrar la razón perdida. Ha llegado el tiempo de fijar las fuerzas en un destino fructífero y puro. Se ha generado en el la esperanza del no se que.
Desde hace rato a estado apuntado alguna cosa en su cuaderno, a puesto mucha atención, y se nota una gran tensión en su rostro, como si quisiera retener algún pensamiento, o como si quisiera dejarlo ir. Se marcha y deja a un lado lo que escribe, lo deja sobre la mesa de trabajo. Con la curiosidad de todo humano me acerco y comienzo leer lo que ha escrito:

«Anoche, cuando me disponía a más de mis locuras, me invadió un nuevo sentimiento. No sabía que era. Nunca antes lo había experimentado. Comencé con todos los recuerdos; se me abalanzaron los nombres y los rostros de amigos que he dejado atrás y de todas esas personas con las que he querido permanecer para siempre. Me entro un turbio desconsuelo en mi corazón y sentí que los ojos y el alma misma estaban por estallar, y deje salir el llanto como un niño, no deje parar. Vacíe mi alma trunca en todo la volcura de aquel sentimiento y disipe mis dudas y me sentí vivo. Sentí la necesidad de amar intensamente y de creer, de creer en una fuerza suprema, de sentir una mirada en mi rostro que la sienta calidad, y de unos brazos que me abracen y que me hagan sentir vivo. He visto mis manos vacías y he aceptado que no pueden estar así. El amor ha fraguado en mi conciencia, y lo que antes tomaba como falsedad ahora es verdad. He recordado mi novia, he recordado el anhelo de sus besos que tantas veces negué, he recordado aquella voz de terciopelo, de seda pura que mi oído ha convertido así. He querido luchar por ella. He puesto mi alma ante mi mujer amada. Hoy me he vuelto humano, y sigo sintiendo ese fuego que me quema por dentro, pero ahora me incita con un objetivo, me mantiene lleno de vigor. Hoy reconozco que hay un Dios, y no me importa que lo haya negado todo el tiempo. Ahora puedo rezar si así lo deseo. Hoy he regresado de mi destruido estado. Edificare cada parte de mi ser y lo llevare hacia donde debe de llegar. Lo siento así, ya no es oscuridad, es la luz que me deja ver lo que antes no podía, y lo que otros muchos no lo harán. Hoy…»

Sentí que mis manos temblaban y que se me hacia un nudo en la garganta. No estaba sintiendo lastima por el, tampoco dicha. Estaba sintiendo la tristeza mía de ver mis manos igualmente vacías, y que, sin embargo, no puedo llenar. A pesar de mi extrema cordura, y de mi juicio contundente y veraz, no he podido encontrar esa fe que mueve montañas, nunca me he preocupado por buscarla. Ahora me corren las lágrimas y quiero llorar igual como un niño, pero no tiene caso, no tiene caso conmigo.
¡Feliz el que busca y ha encontrado! IFeliz el que no ha dejado de buscar! IDesdichado aquel que se ha conformado! IDesdichado el que ha creído que no encontrara!

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