Desde el baúl de los recuerdos

Revisando archivos de tiempo atrás me he encontrado que alguna vez escribí breves cuentos-historias y distintas notas de variados temas, no como las expuestas en este blog, sino con un tinte más literario. No se por que lo había olvidado. Cuando redacte la entrada sobre Crimen y castigo hice mención que expuse algunos artículos sin mayor trascendencia en un foro de literatura, y con toda la certeza, en ese momento, sólo recordaba cosas muy vagas que había escrito, pero nada parecido a lo que encontré esta vez.

El material que les comento ya ha sido con anterioridad expuesto en la Web, en un sitio que tuve hace algunos años. Una publicación quincenal en Internet sobre motivación personal que estuvo casi un año en línea. A partir de esta referencia, se me vino la idea de volverlos a publicar, ahora, en este espacio.

Como habrán observado, el blog no tiene una temática definida. Procuro añadir notas que se me van dando de acuerdo a lo que he vivido, voy viviendo y a mi propio estado de animo. De modo que, basándome en esta diversidad, les expondré algunos de los trabajos que he escrito, no por buscar una aprobación, sino para revivir algunas de esas historias que quizá puedan ser del gusto de más de alguno.

Creo que por eso los Blogs han ganado tanta aceptación, se puede escribir en ellos muchas cosas que en un sitio «común» no se podría. Es normal que la mayoría no sean tan populares, pero el espacio de expresión ofrecido es invalorable para aquel que lo hace suyo.

Continuamos en línea.

2 Comments to “Desde el baúl de los recuerdos”

  1. Recuento de una vida pasada 17 septiembre 2005 at 1:21 am #

    […]Ya soy un viejo. Han pasado más de 90 años sobre mi marchito y maltratado cuerpo. Como me falla la memoria, a veces ni siquiera recuerdo lo que hice ayer, aunque a decir verdad, no creo que tenga mucha importancia. Mas tengo otros días de estupenda lucidez, como hoy.[…]

  2. Conociendo a un extraño 19 septiembre 2005 at 1:39 am #

    […]Sin dormir se pasaba toda la noche, refugiándose en su mundo interno, en sus pocas actividades que pasaban de la lectura a la reflexión, de la reflexión a la escritura, y después al gozo de los sentimientos cuando empezaba a desvariar ya entrada la madrugada.[…]


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